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Literatura

“Macario”: ¿cómo se construye la identidad de un personaje de ficción?

Autor

Joana Jacob

Publicado el

Escultura de una persona hecha con letras

Los relatos de ficción comparten sus estructuras con el mundo que nosotros habitamos, es decir, los mundos ficcionales también poseen una temporalidad y un lugar donde se inscriben los acontecimientos ocurridos; existen en ellos ciertos conceptos como el amor, la justicia o la maldad, así como también ideologías, objetos e individuos que los habitan. Todas estas estructuras son comparables con las que tenemos en nuestro propio mundo y funcionan de modo similar tanto en la ficción como en la realidad. En este sentido, los personajes de una obra literaria se asemejan a la figura de un humano en la medida en que actúan y participan en su mundo del mismo modo en que cualquiera de nosotros lo haría en el nuestro.

No obstante, para definir la identidad de un personaje, no basta con señalar las características que los vuelven parecidos a los humanos. Los personajes de ficción tienen su propia autonomía, su propia conciencia, deseos, intereses, temores, etcétera, por ello o bien empatizamos con ellos o reprobamos radicalmente la forma en la que se conducen. De acuerdo con esto, resulta claro que los personajes de ficción poseen su propia identidad. Pero, ¿cómo se construye la identidad de un personaje de ficción? Paul Ricœur, un filósofo francés del siglo XX, quien ha investigado ampliamente la ficción desde lo filosófico, ha propuesto una categoría denominada “identidad narrativa” para explicar tal fenómeno. Dicho autor señala que la identidad de cualquier personaje literario se construye narrativamente, es decir, que un personaje se proyecta como lo que es en la medida en que narra la historia de su vida y se describe: ahí se proyecta lo que es él. Para que esto quede más claro, vamos a ejemplificar esta categoría con un cuento de Juan Rulfo: “Macario”.

Publicado originalmente en 1946 en la revista América y posteriormente en el volumen de cuentos El llano en llamas, “Macario” ilustra perfectamente lo que Ricœur propone acerca de que la identidad de un personaje se construye mediante la narración. En primera instancia, encontramos un cuento en primera persona, a la manera de un monólogo. Macario se encuentra sentado junto a una alcantarilla esperando a que salgan las ranas para matarlas a tablazos. Ahora bien, al hablar de identidad, lo primero que consideramos como un signo propio de ella son el nombre y la edad, no obstante, resulta curioso que el personaje no proporciona estos datos, sabemos el nombre por el título, mientras que la edad no se menciona nunca. 

A lo largo de la narración, nos damos cuenta de que Macario posee un tipo de padecimiento mental, pues existen constantes referencias a comportamientos anormales que él mismo cuenta, como darse de topes en la pared y en el suelo porque el sonido emitido es similar al tambor que escucha en la iglesia; comerse las ranas y los sapos o el hecho de que su madrina le amarre las manos cuando van a misa; incluso, el discurso mismo empleado por el personaje para contar su historia denota un comportamiento trastornado. También, las condiciones deplorables en las que vive las conocemos porque son descritas por el propio personaje en el transcurso de su narración: mencionar que hay cucarachas, grillos y alacranes en el cuarto donde duerme o que la comida nunca alcanza. Es más, el entorno social de Macario también es susceptible de deducción, pues menciona que la gente lo maltrata.

Como podemos apreciar, es mediante la narración que se va construyendo la identidad del personaje principal en la medida en que él mismo narra las condiciones de su personalidad, de su entorno y de sus circunstancias. En esta medida, la propuesta de Paul Ricœur es relevante porque el universo del personaje y el personaje mismo se van construyendo mientras ocurre el acto narrativo.

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