El poder visual de El compadre Mendoza
Autor
Nabel Gómez
Publicado el

En 1933, dos décadas después del estallido de la Revolución mexicana, Fernando de Fuentes estrenó El compadre Mendoza, una de las grandes joyas del inicio del cine sonoro en México. Además, marca uno de los primeros intentos exitosos por construir un estilo cinematográfico propio -ya fuera del director o del país-; con una narrativa visual potente y precisa, hay una urgencia de narrar la historia nacional. Antes de la célebre Época de Oro, hay películas que merecen ser redescubiertas, y esta, sin duda, es una de ellas.
En esta historia, Rosalío Mendoza, el compadre, es un hacendado en Huichila, Guerrero, con negocios en la Ciudad de México, donde conoce a Dolores, su futura esposa. Durante la Revolución, finge lealtad tanto a los zapatistas como al ejército huertista, según le convenga, para proteger sus bienes. Su estrategia, aunque hipócrita, representó una forma de sobrevivir en tiempos críticos de la historia de México. Muchos se extrañan de que nada le ocurra, pero pocos sospechan que su inmunidad proviene de su oportuno cambio de bando.
Los estragos de la Revolución seguían vivos en el imaginario colectivo, como lo están aún hoy. Por eso impacta tanto el inicio del filme: un tilt up revela los pies de hombres caminando de espaldas; por sus huaraches, prendas blancas, sombreros y rifles, entendemos que son zapatistas. No se dice, se muestra, estamos en plena Revolución. Desde esa escena, De Fuentes deja clara su apuesta por narrar con imágenes: usa símbolos para contar la historia sin necesidad de palabras. Aprovecha al máximo la cámara: “¿Para qué decirlo, si puedo mostrarlo?”.
La secuencia de la boda entre Rosalío y Dolores es un gran ejemplo de la narrativa audiovisual del filme. La fiesta se anuncia con imágenes superpuestas e inestables: un candelabro, cena, alcohol, saludos y conversaciones inteligibles, que crean un ambiente caótico y dinámico. Esta escena también refleja tensiones de clase y motivos de lucha: dentro, los partidarios del gobierno celebran con coñac y bailan vals; afuera, los zapatistas festejan con pulque, mezcal y música popular. El contraste visual y sonoro subraya la diferencia entre quienes defienden sus privilegios y quienes luchan por la tierra.
La fotografía, a cargo de Ross Fisher, brilla en los momentos de mayor tensión, usando el contraste para mostrar solo lo esencial. Algunas tomas capturan a los zapatistas en la oscuridad, donde sus ropas blancas destacan dramáticamente sobre el fondo negro. La imagen se vuelve un espacio de pausa y belleza, pero de igual tensión: rostros iluminados por una fogata crean una atmósfera armónica, seria y lúgubre. Para contrarrestar, Fisher recurre a planos abiertos y diurnos que transmiten calma, como la locomotora en movimiento o una montaña al amanecer. Esta última da paso abrupto al horror: los pies colgados del general huertista recién fusilado irrumpen en pantalla.
Hacia el clímax, la cámara y edición refuerzan un ambiente cada vez más sombrío, con ecos del expresionismo alemán y la vanguardia rusa. Los encuadres transmiten presión: cuando un personaje es acorralado, el plano se cierra, casi sin espacio para respirar; si evade, el encuadre se abre, dándole margen para huir, muestra de su nerviosismo. De Fuentes y Fisher usan este lenguaje visual que intensifica la carga emocional. La atmósfera se vuelve más lúgubre, y el contraste entre luz y sombra acentúa los rasgos fríos y duros, anticipando la traición de Mendoza a su amigo.
Que el título no mencione explícitamente la “Revolución mexicana” resume su enfoque narrativo: todo se entiende a través del símbolo, la imagen y el sonido. Fernando de Fuentes logra un excelente trabajo cinematográfico, donde la forma es parte esencial del fondo. Su exploración abrió camino para nuevas formas de contar historias en el cine mexicano, marcando un precedente para directores y fotógrafos que buscaron construir un estilo propio y genuinamente nacional.
Referencias
Fuentes, F. de (Director). (1933). El compadre Mendoza [Película]. Interamericana Films.
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