Cultura

Evangelizar con pinceladas: un Apocalipsis en lienzo

Autor

Nabel Gómez

Publicado el

Virgen del Apocalipsis de Miguel Cabrera

Se suele pensar que el arte contemporáneo es más simbólico que el de corrientes antiguas, valoradas sobre todo por su técnica. Pero La Virgen del Apocalipsis (1760), de Miguel Cabrera, obra del barroco novohispano, demuestra lo contrario: en la Nueva España, la imagen fue clave para evangelizar, combinando simbolismo y maestría pictórica. Te invitamos a verla -en línea o, si estás en la Ciudad de México, en el Museo Nacional de Arte- para seguir juntos esta lectura. Basaremos el análisis en su fuente principal: la Biblia, entrelazando el relato del Apocalipsis con los detalles visuales de la pintura.

San Juan Evangelista narra esta escena en el capítulo 12 del Apocalipsis, representada en la pintura: una Mujer, de pie sobre la luna, con el sol a su espalda y coronada con doce estrellas, está a punto de dar a luz. Entonces aparece una bestia bermeja de siete cabezas, lista para devorar al hijo, quien es resguardado junto al trono de Dios. Por eso, en la parte superior del cuadro, vemos al Padre Eterno con cetro en mano y gesto protector.

Ahí interviene el ejército celestial, encabezado por el arcángel San Miguel, para derrotar a la bestia y a su séquito de demonios. En la pintura vemos el desenlace de esa batalla, pues San Miguel vence y la bestia es arrojada del cielo; un elegante detalle lo indica: en la parte superior izquierda, unas estrellas caen, arrastradas por la cola del monstruo. Ya en la tierra, la bestia persigue a la Mujer, pero Dios le otorga las alas de águila que vemos en la obra, para que huya al desierto. Al alcanzarla, la bestia la sigue e intenta ahogarla, sin embargo, la tierra absorbe el agua y fracasa. Por eso, en el suelo del cuadro, notamos un tono azul que sugiere el río fallido. 

La representación de la Mujer tiene su historia. En el siglo XII se popularizó sus identificación con la Virgen María; ya hacia el siglo XVII, con el arte de la Contrarreforma, comenzó a representarse como María bajo la advocación del la Inmaculada Concepción, mezclando elementos visuales de ambas figuras. La Mujer apocalíptica lleva el sol, la luna y las 12 estrellas; la Inmaculada, en cambio, viste de blanco y azul, rodeada de ángeles y emblemas  de pureza como el espejo, rosas, vara de tres lirios -significa la virginidad en el parto-, palma y olivo. Esta fusión es justamente la que apreciamos en la obra de Cabrera.

Al fondo del lado derecho, junto a los ángeles mencionados, está San Juan Evangelista, a punto de escribir las revelaciones que Dios le mostró por medio de señales y visiones. Lo acompaña el águila, su tradicional símbolo. La inscripción en latín que sale de su pluma es precisamente el inicio del capítulo: “Vi una gran señal en el cielo…”. 

En cuanto al manejo de iluminación, el volumen refuerza ejes diagonales y resalta el sentido moral de la escena. Una diagonal va del ángulo superior izquierdo al inferior derecho, dividiendo la composición en dos grandes triángulos: el lado derecho, más iluminado, representa lo celestial; el izquierdo, más oscuro, lo terrestre. Esta oposición enfatiza la lucha entre el bien y el mal, el dinamismo del combate y la calma que aportan los querubines. 

Es una de las representaciones más completas y espectaculares de la visión de San Juan: entreteje símbolos clave, reúne a todos los personajes y les da un lugar activo en la escena. No hay figuras rígidas -ni siquiera la de la Mujer-, todo fluye con armonía y fuerza. La pintura logra una composición exquisita de luz, color, proporción y naturalidad. Entonces, ¿qué opinas tú? ¿Es solo técnica?

Referencias 

Cabrera, M. (1760). La Virgen del Apocalipsis [Óleo sobre lienzo, 352.7 × 340 cm]. Museo Nacional de Arte, Ciudad de México.

Candelabro iluminando pintura en la pared
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