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Lengua

La intención detrás de la acción: oraciones subordinadas adverbiales finales

Autor

Frida Juárez

Publicado el

Escritorio de madera con un iMac, una planta en maceta y una pared decorada con cuadros, tarjetas y una lámpara negra.

Las oraciones subordinadas pueden resultar complejas de identificar, especialmente al buscar la relación de dependencia que éstas guardan con la oración principal. Entre ellas, las subordinadas adverbiales finales cumplen un papel específico: expresar el propósito o la intención de una acción. Se introducen mediante nexos como para que, a fin de que o con el propósito de que y se diferencian de otras subordinadas, como las sustantivas, porque sus conjunciones poseen un significado propio. Además, en muchos casos actúan como adjuntos, es decir, aportan información adicional a la oración. Algunos ejemplos son:


  • Pintó la casa para que pareciera más grande.
  • Ahorró dinero con el fin de comprarse una moto.
  • Estudió mucho a fin de que le fuera bien en el examen.


Este tipo de estructuras nos permiten comunicar no solo un hecho, sino también la razón detrás de él. Además, nos ayudan a hablar de nuestras intenciones, metas y de la voluntad que motiva nuestras acciones. Según la Real Academia Española (RAE), las oraciones subordinadas adverbiales finales no existen, pues son sintagmas nominales  que deben analizarse como una preposición seguida de una oración subordinada sustantiva y no como una locución conjuntiva. 


Por su parte, Galán (1992) propuso hace unos años que las oraciones finales se pueden dividir en dos: integradas y periféricas. Las primeras son cruciales para que la oración principal tenga sentido, ya que no solo añaden información, sino que también son necesarias para entender el modo en que el evento principal sucede. Ejemplo de estas es la siguiente oración: La humedad del ambiente es necesaria para el crecimiento de ciertas plantas y para evitar que sus hojas se sequen. A diferencia, las periféricas no modifican a un elemento específico de la oración principal, sino que actúan sobre toda la proposición. Su función principal es exponer la actitud o intención del hablante como en la siguiente oración: Para ser sincera, la comida no me pareció muy buena.


Otro rasgo distintivo de estas oraciones es que generalmente modifican a verbos que denotan acciones intencionales, cuyo sujeto es un ser consciente que realiza un comportamiento voluntario. La acción no tiene que ser necesariamente física, pues también se pueden usar con predicados que designan propiedades o acciones involuntarias, a las cuales no se les puede atribuir un propósito consciente. Por ejemplo: Guardó silencio para no empeorar la discusión e intentó mantener la calma a fin de evitar una pelea.


También, las oraciones subordinadas finales pueden funcionar como atributos; esto quiere decir que la finalidad se presenta como una cualidad del sustantivo y no del verbo. Esto ocurre en ejemplos como En la casa tiene un espacio para jugar los niños, donde para jugar los niños expresa el propósito del espacio, no una acción.


Referencias

Galán, R. C. (1995). Las oraciones causales: propuesta de clasificación. Anuario de Estudios Filológicos, 18, 125-158. https://dialnet.unirioja.es 

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (s. f.). Nueva gramática de la lengua española. https://www.rae.es 

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