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Cultura

Pieles en el suelo: violencia y arte latinoamericano

Autor

Nabel Gómez

Publicado el

Persona con guantes negros tatuando un brazo sobre una superficie blanca, con un diseño en progreso.

Al escuchar la palabra ‘mara’ solemos trasladarnos a El Salvador, puede que pensemos en pandillas, violencia y rechazo inmediato. ¿Qué ocurre cuando el arte se apropia de ese imaginario y lo devuelve como una reflexión crítica? La exposición escultórica La genuina bestia contemporánea (2017), del artista mexicano Renato Garza, responde a esa pregunta. 

Desde la década de 1970, El Salvador ha estado marcado por el control de las pandillas -o  ‘maras’, como se les conoce en Centroamérica-, aunque su influencia también se extiende a países vecinos. Este periodo corresponde a la segunda oleada migratoria hacia Estados Unidos, donde los salvadoreños, en contacto con pandillas locales, formaron las suyas con un fuerte sentido étnico para resistir la discriminación. En las cárceles estadounidenses absorbieron códigos y estructuras criminales que, con las deportaciones masivas y los regresos tras la guerra civil, se trasladaron de nuevo a su país. Así se instauró una forma de poder que se impone a través del miedo y la violencia, vigente hasta hoy día. 

Con este panorama, se entiende por qué quienes pertenecen a este grupo delictivo generan rechazo: los vemos como peligrosos, irresponsables e incluso prescindibles. Es justamente ese imaginario el que Renato Garza toma como punto de partida y sobre el que invita a reflexionar a través de sus piezas. 

En la exposición, Garza dispuso en el suelo y las paredes simulaciones de piel humana con los característicos tatuajes de las pandillas MS-13 y Barrio 18. Las presentó como si fueran pieles de osos o tigres, como animales cazados, desollados y exhibidos en la sala de un coleccionista excéntrico. El propio artista explicó que buscaba una “materialización de cómo la sociedad los quiere presentar: como bestias que hay que cazar”; así, obliga al espectador a confrontar no solo una realidad social brutal, sino también su propia percepción de estos sujetos.

Además, el artista añadió un rasgo distintivo que generó polémica: tatuajes ajenos a la cultura pandileril, como la Virgen de Guadalupe, el Che Guevara, Maradona, el Subcomandante Marcos, nombres de mujeres y otros símbolos religiosos. Para algunos, esto significó romper con el código de las pandillas e incomodó el hecho de ver figuras asociadas a la “buena gente” en esas pieles. Sin embargo, Garza buscaba justo otra perspectiva: “yo quería poner en esas pieles cosas más íntimas, cosas de una historia personal y colectiva de los latinoamericanos, y lograr con eso una humanización. Ese otro, esa bestia, podría ser uno de nosotros”. 

La violencia de las ‘maras’ en El Salvador no es un caso aislado: distintos países latinoamericanos la viven en otras formas, como el narcotráfico en México y Colombia. El trabajo de Garza no niega los daños provocados por estas pandillas ni busca un perdón ingenuo, sino que muestra la complejidad de una realidad que no puede reducirse a la división entre “buenos” y “malos”.

Hoy la violencia es innegable, y cobra especial fuerza cuando el arte decide tomar cierta postura. Este artista nos coloca frente a una realidad política y social dura, incómoda, pero necesaria de mirar. Hablar de pandillas no implica justificar ni borrar el daño que han causado, pero tampoco reducirlos a trofeos o decoraciones sin valor humano. Su exposición nos recuerda que detrás de esas “bestias” hay historias atravesadas por la desigualdad, estructura y exclusión. Ver sus pieles extendidas en el suelo es un recordatorio brutal: incluso ellos, los que tememos y rechazamos, siguen siendo humanos.


Referencias 

Gallón, A. (2017, diciembre 16). El escultor que muestra a los pandilleros de MS-13 como si fueran trofeos de caza. Univision Noticias. https://www.univision.com

Garza, R. (2017). Bestias contemporáneas: un nuevo orden natural. Galería Jesús Gallardo. Recuperado de https://www.univision.com

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